CONTRA ROSCA

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El baterista de los Chapillacs hace un redoble

 

¿Cuánto saben los artistas sobre su propio arte? ¿Basta la práctica del instrumento o se requiere un saber? ¿No destruye la razón al sentimiento? ¿Todos los músicos piensan igual? Entrevistamos al respecto a Renato Rodríguez Durand, el baterista del grupo arequipeño Los Chapillacs.


P. ¿Como fue tu formación en cuánto a la naturaleza de la música?

Todo empezó cuando tenía siete años, la verdad es que odiaba ir al colegio pero ir al coro era como un privilegio, no solo por el hecho de cantar sino porque era el momento en que tenía contacto con los instrumentos, los de percusión en especial eran los que más me llamaban la atención. Cuando escuchaba ensayar a la banda de rock del colegio tocando canciones de U2 y música que escuchaba en la radio realmente sentía que era emocionante estar ahí, era casi imposible concentrarme en otros cursos, todo el tiempo soñaba con estar en el salón de música.

En casa siempre había música, mi madre escuchaba Rod Stewart, José Luis Perales y Miguel Mateos. La televisión también me influyó, Michael Jackson me llamó la atención por mucho tiempo. Los vinilos que tenía mi abuela en su casa eran horribles (Luis Miguel), así que empecé a experimentar, me gustaba rayarlos o tocarlos al revés. Con el tiempo me volví un experto con los casetes, les daba la vuelta a las citas, las reconstruía las pegaba y buscaba mensajes satánicos en la música de Led Zepelín, sentía fascinación por lo oculto como los extraterrestres y por descubrir mensajes subliminales en la música rock.

No me considero musico, me dedico a tocar música, a producir música, me gusta la percusión, me gusta la melodía y lo que emana cuando interpreto algo, me gusta sentir la emoción de hacerlo; el trabajar en conjunto y congeniar armónicamente es algo que no puedo explicar, estar en el coro sirvió mucho para escuchar, afinar, y descubrir la forma como se distribuían las voces.

A los trece años un tío le regalo una guitarra acústica a mí prima con la que vivíamos en la casa de mi abuela, y yo la tocaba todo el día, estaba muy afanado con ella; compraba revistas que traen las tablaturas y así es como aprendí.

Me paso que de grande traté de aprender guitarra, pero nunca fui muy disciplinado para emplear un método musical, la forma de la enseñanza me parece muy tediosa.

Desde niño me interesó el sonido, el registro fonográfico, grababa música de la radio en el equipo que teníamos en casa, grababa a bandas y creaba mi propia música según mis gustos.

P. ¿Estudiaste sobre ello algo de filosofía, estética, etc?

Filosofía del Arte; sin embargo, la filosofía y la estética es relativa, en mi opinión es un aspecto subjetivo, la influencia musical que predomino en mi fue el punk, el hardcore, estos movimientos contraculturales que utilizaban sus propias herramientas para grabar, producir y distribuir música.

Era muy interesante ver cómo se autogestionaban las bandas locales, eso me gustaba. Yo ya tenía inclinación a las artes gráficas y veía como los grupos gestionaban sus propias estrategias de marketing; me llamaba mucho la atención esta herramienta de crear arte más allá de la música con portadas de casetes, en esos tiempos.

La filosofía de los grupos punk es “hazlo tú mismo” y a mí eso me impactó y la incorpore como parte de mi filosofía personal.

P. ¿Has estudiado esto por tu cuenta?

Estudié Artes plásticas en la escuela Carlos Baca Flor; nunca estudié música en alguna institución, aprendí solo, escuchando.

P. ¿Qué es para ti la Música?

La música es un goce, es una forma de vida porque me hace sentir acompañado, es lo que siempre he hecho, es una forma de expresarse y que te entiendan.

Desde pequeño ha estado muy presente en mi vida, descubrí a Queen, el rock y la Opera, fue muy emocionante conocerlo.

P. ¿Para qué sirve la Música?

El propósito personal que tiene la música cuando participo en una banda es lo que más gusta; es distinto tocar para las personas que tocar para uno mismo, puedo pasar todo el día tocando, pero tocar para la gente es muy gratificante, tocar para los demás trasmite y comunica, ver la respuesta de la gente es lo máximo.

P. ¿Qué importancia tiene para ti el público?

Sentirse comunicado, tener un hilo de conexión con el público, estar en la misma frecuencia, trasmitir; y como lo dije antes recibir la respuesta de la gente que disfruta con lo que nosotros los músicos ofrecemos con un solo lenguaje es totalmente diferente a tocar para uno mismo, tocar para lo demás es lo que nos motiva a seguir compartiendo lo que hacemos

P. ¿Conversas con tu público?

Siempre hay conexión con el público, como baterista no tengo mucha comunicación directa, pero siempre al final de los conciertos me acerco y se me acercan personas a conversar, me hacen preguntas, felicitan a cada miembro de la banda y es en ese momento donde me relaciono con mi público.

P. ¿Hay públicos mejores unos que otros?

El público siempre es diferente, hay un público que te espera y hay un público circunstancial, un público que conoce a la banda, que baila, canta y goza con nosotros. Recuerdo una vez que tocamos en Iquitos en una discoteca, cuando llegamos la gente estaba bailando eufóricamente y a media noche empezamos a tocar. Como no nos conocían, no conocían nuestra música, se fueron retirando de la pista de baile y para nosotros fue como si el tiempo se detuviese, porque no teníamos respuesta de la gente. En Lima es distinto ya tenemos un publico que nos espera y que se divierte con nuestra propuesta musical.

P. ¿Crees que la música crea identidad?

Claro que sí, yo crecí escuchando punk subte peruano, música que me llevó a otra música, a otros conceptos y otros músicos que no pasaron por una escuela e influyeron toda una tendencia y pensamiento musical.

Con la música me siento recontra identificado, sin embargo, no estoy de acuerdo cuando se asocia la música al nacionalismo y se construye una identidad en base a estructuras comerciales.

P. ¿Con qué música te identificas?

Mas que con un tipo de música me identifico con una estética musical, la música menos producida, como la música de garaje. Me identifico más con el sonido y la música estridente con velocidad y ritmos cambiantes, disfruto de todo, de la tranquilidad y la velocidad, disfruto bastante con la poesía de las letras y mensajes de las canciones.

P. ¿Hay música identitaria peruana?

Pero por supuesto, cada localidad tiene sus propios ritmos y su propia forma de crear y recrear la música. Me atrevo a decir que la mayoría de gente en el Perú escucha folclor y eso lo podemos notar en que todos los fines de semana hay conciertos que congregan mucha gente.

P. ¿Hay crítica musical en Arequipa?

Académica, muy poca, es como si a nadie le interesara. Pero hay mucha gente que la practica alternativamente a través de blogs, en redes, fanzines y espacios en revistas para la crítica musical.

P. ¿Cuáles crees que son los mejores músicos arequipeños?

Los músicos que he encontrado mas interesantes son los viejos músicos ambulantes. Recuerdo que cuando iba a clases a la escuela de Artes, en la iglesia de San Agustín había un señor que tocaba la mandolina, tocaba de lo más raro, su música escapaba de la norma musical, su canto me impactaba por la entrega que le ponía, era como que toda su vida estuviera ahí.

Reniego de la técnica de las escuelas porque me parece que es siempre lo mismo, no hay originalidad, para mí es como música sin sentido.

P. ¿Cuáles crees que son los mejores músicos del mundo?

Depende. Hay músicos que han influenciado cierto tipo de música como el baterista de The Clash, el baterista de The Police, las letras de Enrique Delgado de Los Destellos, el primer disco de Leuzemia. La estética del sonido crudo es lo que más me gusta.