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Revista Cultural

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Sobre la complejidad de la música

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La música no es solo emociones

El pianista Hugo Cueto a lo largo de su vida ha desplegado gran actividad musical, como solista en conciertos individuales, y acompañado con orquestas sinfónicas de la región. Ha tocado al lado de buenos intérpretes nacionales e internacionales. Es además Licenciado en artes, Magister en Educación y Doctor en Ciencias Sociales, y alterna su actividad docente en la Universidad Nacional de San Agustín con la enseñanza del piano a niños y jóvenes talentos de nuestra localidad.

Sofía Guillén: ¿Cómo fue su formación teórica en cuanto a la naturaleza de la música? ¿Dónde estudió? ¿Es la teoría de la música diferente de la naturaleza de la música?

Hugo Cueto: Comencé mis estudios a los siete años, me pusieron una profesora de piano con la cual no me entendía mucho. Cuando estuve en el colegio Salesiano en Lima tuve la oportunidad de empezar a estudiar piano seriamente con un profesor italiano, Pietro Zanoco, él me incentivó a inscribirme en la academia André Sas. Ahí teníamos los mismos cursos del conservatorio (teoría de la música, contrapunto, solfeo, armonía, etc.). En Colombia tomé clases en el conservatorio y en Quito también; ahí, además de estudiar piano, estudié teoría musical.

Para mí la teoría de la música es como un vehículo, si no la tienes en la cabeza no puedes tenerla en los dedos, no puedes interpretar. La teoría te ayuda a caminar sin tropiezos, Así lo dice también un pianista llamado Heinrich que tiene un libro “El arte del piano”; explica justamente eso: hay que tener la teoría en la cabeza para después poder hacer música, para interpretarla.

Sí, la música tiene muchas sensaciones, que se captan intuitivamente y no las encontrarás en un libro; por ejemplo, en el canto a veces se abusa de eso, se dice que hay que prestar atención a las emociones, que es lo más importante, pero eso no lo es todo. Hay una parte orgánica muy importante que se tiene que encausar, no puedes tocar de la misma manera Bach, Beethoven, Mozart, es un desastre. Y eso se aprende con la experiencia también. Tienes por un lado la teoría y por el otro las emociones.

Stravinski definía la música como un compendio de sentimiento y técnica. La idea del compositor improvisado se pierde, y el mismo Stravinski se da cuenta que el trabajo del compositor va mucho más allá de saber un poco de armonía o polifonía o tener en la cabeza una melodía bonita, es tener mucha más preparación que eso. Los compositores ya no pueden ser improvisados, no es simplemente una instrumentación sencilla o una melodía interesante, hay mucho más elementos.

SG: ¿Qué cursos estudió sobre ello? ¿Filosofía del arte, de la música, estética, musicología?

HC: He tenido la oportunidad de estudiar psicología de la música, filosofía de la música, filosofía del arte. Son temas que me interesan y me gustan mucho. He leído a Theodor Adorno en sus escritos “Sobre la Situación Social de la Música” y su libro “Disonancia. Introducción a la Sociología de la Música” y a Michael Foucault quien junto con Pierre Boulez escribió “La música contemporánea y el público”. Sí, he tenido la oportunidad de estudiar estos cursos. En algunos casos, como en el doctorado, lo he hecho por obligación. Pero eso no significa que todos estos temas no me interesen. No estoy tan al día como quisiera, pero sí me gusta.

Ahora, si esto me ha ayudado a entender más lo que es la música, creo que no. Al menos en cuanto al placer estético, eso es más primario. Te gusta o no te gusta. Yo consumo mucha música dodecafónica, la entiendo y me gusta. Pero decir que leyendo a Adorno me ha hecho conocer más o entender, eso no.  No disfruto más por conocer más. Leo sobre esos temas por curiosidad

intelectual.

SG: ¿Cuál es el objeto de la música? ¿Qué función social tiene la música? ¿Para qué sirve la música?

HC: El objeto de la música en sí es la misma música. ¿Por qué hacemos música? Por el placer de hacer música. Ese placer puede tener muchas formas: un placer personal, un placer cuando sales a un escenario. Eso es lo que se transmite. A mí, por ejemplo, media hora de piano puede quitar un día negro. Más que tocar notas, el sonido, es encontrar el placer de tocar. Creo que en sí misma, la música tiene un contenido suficiente como para llenar una vida. En sentido estético, para mí, la música es una obra de arte. Es el máximo de la creación al que yo pueda acceder. Así como tal vez para el pintor sean las obras maestras.

En cuanto a la función social, yo creo que ninguna otra forma de arte tiene una función social tan extendida y tan grande como la de la música. La música en sus diversos géneros, desde la más culta hasta la más popular, están presentes en nuestras vidas. Dependiendo el nivel de conocimiento y apertura mental que se tenga, uno va a querer otras cosas. Es así que en el ámbito de los músicos se empieza a educar al niño de manera que pueda entender las obras de Mozart o Beethoven, y después querrá conocer más obras y más compositores.

SG: ¿Cuál es la importancia del público con respecto a la música? ¿Toma en cuenta al público, qué le gusta?

HC: El público es nuestro destinatario en algunas cosas. El público siempre nos motiva a hacerlo mejor. Es por esto que trato de interpretar las obras lo mejor posible, a veces no se puede. El público es un monstruo que a veces merece olvidarlo y otras respetarlo. A veces te intimida y otras responde a lo que interpretas. Por ejemplo, hace poco toqué temas de Piazzolla y te das cuenta que la gente responde a un trío de Mozart de manera muy diferente a Piazzolla, se sienten tal vez más identificados con este último. Y sin embargo, estudiar una obra de Mozart costó mucho más trabajo que la de Piazzolla.

No creo que el público en general no aprecie o no conozca el esfuerzo del músico cuando se trata de obras de compositores como Beethoven, Bach, Mozart, Tchaikovski, Debussy, etc. Y en caso fuera así no significa que no debas tocar lo mejor posible. Basta que haya una persona que conozca para lo que interpretas sea más apreciado. Hay muchos que sí entienden, que justamente entendieron ese pasaje que costó tanto estudiarlo, ellos lo apreciaron. El público no es tan ignorante como creemos.

Ahora, eso de tocar por el público, creo que sería un error. ¿Por qué? Hay muchas razones, entre una está esa satisfacción personal que uno tiene al tocar. Eso no es solo por el público, si fuera solo por él, eso sería fatal. Uno estaría supeditado a lo que a ellos les interesa y probablemente tocaría música que a mí no me atrae.

SG: ¿Cree que la música crea identidad? ¿Hay alguna relación entre la música y la identidad?

HC: Creo que sí, que nos arma espiritualmente y psíquicamente. Muchas veces eres lo que tocas. En cuanto a la relación entre la música y la identidad, es directa. Puedes tener diversas tendencias y te identificas con ellas. Por ejemplo, a mí me gusta el Jazz y la salsa, que escucho cuando estoy manejando pues no requiere de una mayor concentración, es una especie de fondo musical para cuando manejo porque no hay algo que me pueda llamar la atención a tal punto que requiera el 100% de mi concentración. Eso no pasa si escucho Brahms, en ese momento no voy a querer conversar o tener alguna distracción porque toda mi concentración va a estar en escuchar a ese compositor.

SG: Entonces, para usted, ¿hay música identitaria peruana?

HC: Cuando se trata de crear una identidad con tu país, un sentimiento de nacionalismo, no creo. Pienso que he nacido en la “aldea global”, esas mentiras de que la música peruana nos crea identidad es totalmente pasado. Nos pueden gustar los valses, zamacuecas, marineras, etc., pero en mi vida no han significado algo mayormente, no me identifico con esa música. Eso no significa que no me gusten, pero no la consumo mucho. Si en la radio ponen una canción peruana la escucharé, igual si encuentro algún arreglo sobre alguna obra peruana o arequipeña, eso no me molesta.

Existe otro tipo de sentimiento cuando uno se encuentra fuera de su país y escucha una obra peruana. Es me ocurrió una vez, cuando me invitaron a Cuba, yo en ese tiempo estaba viviendo en Colombia y había pasado un año desde que estuve en Perú. Pusieron el Vals “La Flor de la Canela” y se me encogió el corazón, es un sentimiento de añoranza, pero eso no quiere decir que la música cree una identidad peruana en mí.

SG: ¿Hay crítica musical en Arequipa? ¿Alguien ha escrito sobre teoría de la música?

No, ahora no. Antes hubo ciertos intentos de crítica. En algún momento se hizo algo, hubo un señor que escribía bajo el pseudónimo de “Tristán”. ¿Sabes qué hacía? Terminaban los conciertos y se acercaba y preguntaba mi opinión, qué me había parecido el concierto, y yo, inocentemente, daba mi opinión. Después encontraba lo que había dicho en el periódico.

Pero bueno, algo de crítica ha habido, tu profesor Willard Díaz lo hizo hace un tiempo.

SG: ¿Quiénes cree que son los tres mejores músicos arequipeños?

HC: Roberto Carpio, el mismo Dúnker Lavalle, y tengo que mencionar a Carlos Rivera, es un gran pianista.

SG: ¿Quién cree que son los mejores músicos del mundo?

HC: Horowitz, como intérprete de un instrumento, piano, que muchos podrían considerar monótono y aburrido si lo escuchan por un largo periodo de tiempo. Este pianista es magnífico, podría escucharlo todo el día y no me aburriría.

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