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Revista Cultural

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El OTRO, SU SOMBRA Y YO

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Últimos días

“Quise desarrollar un proyecto que consistiría en observar en las calles la actitud de las personas que están esperando algo o a alguien, y a medida que pasaba el tiempo me crecía una desesperación que pareció invadir primero el cerebro y luego el cuerpo.

Vi hombres que agitaban los brazos, que hablan solos, vociferan o suplican algún milagro. Vi mujeres conversando con el aire, sonriendo para sí mismas o dando órdenes a seres lejanos.

Cuando la desesperanza empezaba a hacerme creer que todo está fuera de control advertí, para mi bien, que aun en esos movimientos descontrolados había algo en común: cada persona tenía un acompañante permanente, infaltable, fiel, sumisamente fiel: ¡su sombra! Que iba repitiendo hasta el mínimo detalle todo lo que el cuerpo decidía.

Acabadas las opciones el último ser se fue cabizbajo y su sombra lo acompañó sin que él se percatara nunca de tan fiel compañera.

Una vez frente a mi mesa de taller, dibujé varios sujetos en diversas posiciones, y alargué sus sombras. Luego se me ocurrió construir el volumen de uno que permanecía refugiado en mi recuerdo. Cuando lo tuve, siguiendo un impulso corté en cartón la forma de su sombra y se la añadí para ver el efecto, y en ese instante mis manos, para mi sorpresa, levantaron la sombra y la plegaron al cuerpo (Una mariposa ardió en una fracción de segundo en la llama de una vela). Sentí que construía un nuevo ser, pero esta vez con la sombra in-corporada. Y noté ya con alivio que esa sombra y otras estaban dispuestas a contarme historias insospechadas, como en un test de Rorschach.

Entonces me fue dado ver que la sombra era yo mismo.

¿Qué es la sombra en nuestra mente?

¿La parte que no vemos de nosotros porque no queremos verla?

Supe. Descubrí que esa escultura que tenía en las manos sabía de mí más que yo de ella. El espejo no dio mi imagen sino una sombra, y cuando miraba a otras personas solo veía su sombra y no sus facciones.

Si soy mi propia sombra que ahora siento como parte de mi cuerpo vertical, ¿qué significa esto? Si las sombras están en cada uno de nosotros, ¿por qué no sospechar que cuando veo a otra persona estoy viéndome a mí mismo?

Sentí como se siente al pararse de puntas ante un muro que impide ver lo que hay detrás, pero por un instante, mientras tuve fuerzas para sostenerme, miré: El otro también soy yo, el otro me cuenta quién soy yo, y lo que hablo al otro lo digo a mí mismo; y lo que él me dice, en realidad habla de él mismo. “Yo soy el otro”, me dijo el poeta.

He pasado mucho tiempo comprobando que el viejo principio “Miras la paja en ojo ajeno y no el tronco que llevas en el tuyo” no siempre se pone en práctica, especialmente cuando se trata de uno mismo.

Continué trabajando en otras esculturas, e inesperadamente ocurrió algo más: las sombras adheridas a sus cuerpos empezaron a emitir luz, colores. Sentí que por fin las había escuchado. Y sentí un amor infinito frente a esas sombras con luz y color.

La arcilla, mi sombra, mi compañera fiel de toda la vida me había hablado una vez más para ayudarme a entender qué somos, cómo somos, qué podemos ser”.

(Tomado de la Presentación, en el Catálogo de la muestra de cerámica de Germán Rondón que se estrena esta semana en el Cultural Peruano Norteamericano).

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