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Revista Cultural

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“LA CANTERA”

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Noticia de la nueva película de Miguel Barreda

 

Las canteras de sillar de Arequipa no son solo la fuente material de nuestra identidad arquitectónica, se han revelado como un escenario ideal para la fotografía, la música y ahora el cine. Miguel Barreda, nuestro cineasta más importante, se fue aproximando a lo largo de veinte años a este mundo de piedra volcánica hasta dar en su meollo con un tema para la película “La cantera”, nueva obra de la ascendente carrera de este notable artista arequipeño.

Lo entrevistamos para conocer detalles de su trabajo.

 

P. ¿Cómo surge el proyecto de tu nueva película?

R. Mi primer acercamiento a las canteras es a través de un cortometraje de José Antonio Portugal que vi en 1982, “Hombres de viento”, cuando asistí a un curso sobre lenguaje audiovisual que dieron Juan O´Brien y José Antonio en el Instituto Cultural Peruano Alemán. Me quedó pendiente el deseo de conocer mejor esos lugares, la vida de la gente y hacer algo en ese espacio.

En los años 90 hice un corto paródico en las canteras. Y en 2006 realicé un documental más serio sobre el trabajo de los cortadores de sillar con gente de Añashuayco y Cruz de mayo. En ese momento me surgió la idea de hacer algo de ficción en el mundo de los cortadores de sillar.

En 2007 escribí la primera versión del guion, gracias a una beca de Alemania. Empecé a presentar entonces el proyecto a los concursos del Ministerio de Cultura, que era el CONACINE y después el DICINE y ahora es la Dirección de Audiovisuales del Ministerio de Cultura. Recién el año pasado hemos ganado uno de los premios de fomento para producir la película.

El proyecto tiene más de diez años, de escritura, reescritura, perfeccionamiento, hasta llegar a la versión final.

P. ¿Cuál es el argumento?

R. Es una historia de traición y de venganza. Un joven presencia la muerte de su padre, que es un cortador de piedra en las canteras, y sospecha que lo que parece un accidente a primera vista, no lo es, porque su padre es un cortador experto. Sus sospechas las siente fundadas cuando una persona que él considera involucrada en ese accidente aparece en la casa y empieza a convivir con la viuda. Lo que viene es una mecánica de venganza, todo sale de control.

P. Me parece como que primero tuviste el ambiente, el entorno físico, y después has ideado la historia para ese entorno. Has ido contra la norma que dice primero la historia y después la ambientación. Lo que tuviste es la visión de una posible simbología espacial y luego adaptaste a ella una historia.

R. Así es. Las canteras son muchas cosas. Para un arequipeño son parte de su identidad. Luego, las personalidades de los cortadores de sillar son peculiares, porque son individuos que trabajan de una forma muy autónoma, sin jefes, sin horarios. Si bien son libres por esa parte, están circunscritos a un entorno del cual no pueden salir. Es una paradoja. Y ambientar un drama en ese ambiente me parecía desafiante. La confianza, en ese lugar, es algo muy importante, y romper esa confianza es lo peor que puede suceder. Es un lugar tan agreste que solo te ayuda tu instinto más primitivo, el instinto de supervivencia en un oficio tan arcaico como cortar piedras.

Si tú ves canteras en otros lugares del mundo, están todas mecanizadas, son muy seguras. En cambio en Arequipa la extracción sigue siendo artesanal.

Eso me llamó mucho la atención del entorno. Lo monumental, la relación peculiar del hombre con la naturaleza es fuerte. Y además, lo visual es muy atractivo.

Prefiero no utilizar el término “historia” para referirme a una película. Si quisiera narrar una historia prefería escribirla. En una producción cinematográfica prefiero que las imágenes sean las que componga una estructura, por eso es que la cantera también puede ser protagonista, con toda su intensidad, sus claroscuros, esa luminosidad tan agresiva que tiene.

P. Supongo que blanco y negro deben ser la base de tu color.

R. Con Leandro Pinto, que es el director de fotografía, hemos discutido mucho acerca de cómo retrata la canteras. No puedes controlar la luz, lo que puedes controlar son las sombras; entonces muchas de las acciones más decisivas van a suceder en las sombras, y los personajes van a estar en la penumbra sobre el fondo resplandeciente del blanco de la cantera.

En el blanco hay muchos matices; estamos tratando de recuperar toda esa gama de valores que tiene. Lo que tratamos es de encontrar imágenes para transmitir la intensidad del drama, los personajes en algunos casos se mimetizan con el entorno y en otros casos contrastan.

P. La historia me pareció medio hamletiana…

R. Es bastante hamletiana. Yo no diría que es una adaptación, pero es un drama conchuda y ampliamente inspirado en Hamlet. Es el hijo que pierde al padre, y que descubre el valor del oficio este después de su muerte; la madre sustituye al padre por alguien que desdeña ese oficio. El joven trata de aprender con oposición de su madre, y cuando advierte que el hombre tiene que ver con la muerte de su padre inicia una estrategia de venganza.

Ahí sí veo una acción política, si se quiere, en un país en el que la impunidad reina, y no tienes una justicia que te haga sentir como ciudadano. Creo que la película puede retratar esa desazón ante la injusticia y la impunidad. Como decía Francis Bacon, la venganza es una especie de justicia salvaje.

P. Tus anteriores películas eran urbanas, ahora dejas las comodidades de la ciudad y te vas a un espacio marginal, agreste. Supongo que hay dificultades considerables…

R. Filmar en un entorno como las canteras trae retos logísticos fuertes porque no tienes nada a la mano. Si necesitas energía eléctrica, o artefactos comunes de la producción cinematográfica, tienes que llevar todo. Son distancias muy largas, lugares difíciles de acceder.

Pero felizmente contamos con una enorme colaboración de todos los cortadores de sillar de la región, que han entendido finalmente esta locura de trabajo nuestro; vamos a hacer un documental del trabajo de los canteros después de del largometraje.

P. ¿No se sienten ofendidos por la ficción? ¿No piensan que estás falseando su realidad?

R. No, nada. Cuando les he resumido la historia algunos me han dicho Eso le pasó a fulano. Se reían mucho.

Y hay gente entre los que han colaborado con nosotros que tienen mucha capacidad histriónica y les ha gustado ser parte de la película.

Pero obviamente no podría estar filmando sin esa licencia social que me han dado, sin que los cortadores artesanales supieran exactamente qué vamos a hacer. No puedo engañarlos y decirle va a tratar de esto cuando hago otra cosa.

Algunos se oponían a que muriera un cantero en la ficción, o se oponían a que hubiera una rencilla porque eso les da una mala imagen. Entonces tuve que explicarles que esa lucha no se daba entre canteros sino con un elemento externo a las canteras. El malo de la película es el elemento externo. Y sabemos que ahora hay muchos conflictos entre los cortadores y los invasores de terrenos, o las empresas que tiran deshechos a las canteras. El trabajo de los canteros está cada vez más complicado por esos factores, algunos de los cuales se van a ver en la película como una denuncia social.

P. ¿Cómo vas con el cronograma? ¿Cuándo será el estreno de “La cantera”?

R. Vamos a acabar la filmación dentro de una semana. Estamos dentro de lo previsto. La posproducción la hacemos en Arequipa; quizás trabajos finales tengamos que llevarlos a Lima o al extranjero, pero la edición suelo hacerla yo mismo en mis películas. La edición de sonido será en Arequipa con Fernando Bedoya, que es un buen director de sonido. La parte final, la masterización, quizás tengamos que hacerla fuera del país, ni siquiera en Lima hay tecnología para esa parte final. Todavía no hay una industria cinematográfica propiamente dicha en Perú.

Luego la iremos presentando en algunos festivales extranjeros, y a mediados del próximo año esperamos tenerla en las salas de cine.

 

 

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