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¿Hay evolución en la literatura?

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El Determinismo en Literatura

 

¿El arte en general evoluciona? Estas son preguntas que con frecuencia nos hacemos. Antes de intentar una respuesta es conveniente precisar algunos términos que se suelen confundir y que es necesario diferenciar: evolución, progreso, evolucionismo, revolución, involución.

La palabra evolución fue usada por primera vez en el siglo XVIII por el biólogo suizo Charles Bonnet para describir la diversidad de formas de vida que existen sobre la Tierra a partir de un antepasado común. La idea de que las especies se transforman continuamente fue postulada por numerosos científicos de los siglos XVIII y XIX, a los cuales Charles Darwin citó en el primer capítulo de su libro “El origen de las especies” (1859), principal responsable de la actual notoriedad del término.

La evolución como una propiedad inherente a los seres vivos actualmente no es materia de debate entre la comunidad científica. En cambio, el estudio de los mecanismos que explican la transformación y diversificación de las especies, se halla aún bajo intensa investigación.

A mediados del siglo XX, se produjo la llamada «síntesis evolutiva moderna», sobre la base de seis libros capitales de autores posteriores a Darwin. La evolución en el presente es una robusta teoría aceptada que actualmente proporciona explicaciones y modelos lógicos y matemáticos a fenómenos como la adaptación, la especiación y la selección natural, en campos diversos de la biología, como la genética, la sistemática y la paleontología. Como cualquier teoría científica, sus hipótesis están sujetas a constante crítica y comprobación experimental.

Se entiende por evolución biológica al cambio en herencia genética de las poblaciones de los seres vivos a través de generaciones. Los procesos evolutivos han causado la biodiversidad en cada nivel de la organización biológica, incluyendo los de especie, población, organismos individuales y moleculares.

Toda la vida en la Tierra procede de un último antepasado común universal que existió hace 3800 y 3500 millones de años. Este concepto, de origen y naturaleza ligada a la ciencia (biología) pertenece a un campo científico, no de verdades sino de búsqueda de conocimientos objetivos, sistemáticos y confiables frente a los fenómenos naturales.

Como muchas palabras que provienen de ámbitos disciplinarios específicos y se incorporan al sentido común, la noción de “evolución” se desligó de su imbricación contextual con lo biológico para asumir un significado equivalente a “progreso”; es decir, se emplea en el lenguaje cotidiano como sinónimo de un proceso progresivo orientado hacia un estado superior.

La antigua idea religiosa de providencia (“la divina providencia”) que otorgaba bajo la teología cristiana un cierto sentido a la existencia humana camino hacia dios, con el triunfo del pensamiento científico y su racionalidad se sustituye por la idea de “progreso” que en la cultura moderna implica la creencia de que la sociedad avanza inexorablemente hacia mejores horizontes.

El “evolucionismo” es la ideología que postula que todo (el ser humano, la naturaleza, el planeta, el universo, etc.) avanza, se aproxima hacia su culminación en un todo que puede ser una idea mística (dios), filosófica (espíritu absoluto), social (antropocentrismo), cultural (etnocentrismo) o creencia (esoterismo). Esta concepción rígida y mecánica abandona los rasgos complejos y dialécticos que la noción de evolución posee dentro de la investigación científica (biología).

En el proceso de la vida se dan estadios variables en secuencias fijas (unilineales), ramificaciones heterogéneas (multilineales) por factores independientes (mutación), de difusión (préstamos) o divergentes (disímiles) de modo que los organismos inventan formas de adaptación y sobrevivencia sin patrón o modelo único.

Otorgarle al concepto de evolución un sentido de progreso hacia algo estable, omnipotente, eterno y pleno es más una proyección del deseo humano que una evidencia empírica. Cuando los que se adscriben a ese fundamentalismo perciben que algo sale de dicho rumbo lo califican de “involución”; es decir, de retroceso, degradación. Incluso usan el término “revolución”, tan ligado al progreso racional, cuando los cambios y transformaciones no se corresponden con su fe, como un retorno al camino, a la teleología (fin) que proclaman. Tal es el caso de muchas sectas místicas que ven en cualquier descubrimiento de la ciencia una “revolución” que confirma sus creencias metafísicas.

Para la comprensión de la literatura no es pertinente hablar de “evolución” porque en los procesos del arte, como en los de la vida, las transformaciones, cambios y revoluciones no siguen una orientación fija discernible ni obedecen a un único factor. La aplicación de la metáfora evolutiva a otras áreas del conocimiento produce confusión o cosas peores como el pretender imponer un servilismo ancilar en el impulso creador de los escritores.

Afirmar la posición de una evolución en la literatura (novela, poema, drama) o el arte más que un error constituye una estrategia para intentar controlar la libre imaginación del artista.

En la evolución biológica en concepto más importante es el de selección natural. En el campo de la creación verbal se produce una “selección cultural” porque son valores socio-culturales los que establecen la continuidad de los discursos estéticos en el tiempo humano.

Sin embargo, eso no significa que podamos sostener que existe un fin, modelo, estado como realización final alcanzable. El enigma de la experiencia estética radica en que crea la ilusión que la existencia tiene un sentido como el que descubrimos en la lectura del mundo posible de una obra No desde el campo racional, pero sí desde una sensibilidad intuitiva, se percibe en la literatura y el arte que la vida posee un sentido análogo al que se construye a través del lenguaje y la forma propia de cada obra, cuadro, drama, ficción o poiesis.

En conclusión: el término “evolución” no ofrece una comprensión de lo literario ni del arte, pero sí estimula la creación estética y la conciencia crítica al brindar interrogante que desnudan su mala aplicación: ¿evolución es descripción de desarrollo o degeneración?, ¿hay altruismo en la evolución?, ¿es individual o colectiva, masculina o femenina?, ¿en verso o en prosa?

En lo único que sí podemos estar convencidos es que el arte y la literatura constituyen las únicas prácticas imaginativas del ser humano que nos acercan a las estrellas, al infinito, al asombro del universo que cobijamos dentro.

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