altodelaluna

Revista Cultural

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

El amargo camino de la caña dulce

E-mail Imprimir PDF

En torno a la negritud Falta media hora para que comience la presentación. Eloy me permite pasar por la puerta trasera al escenario y allí está ella, Susana Baca, la más famosa cantante de música negra del Perú, nuestro crédito frente al mundo, reposando en un mullido sillón frente al espacio del teatro vacío aun. Todo ha sido sorpresivo, la invitación para presentar su último libro, mi inesperada aparición, mi brazo tendido para saludarla. Pero ella no está para sorpresas, se levanta y me estrecha en un abrazo, como si nos conociéramos desde hace treinta años, desde aquel día en que un compañero de estudios en Literatura me obsequió un casete lleno de hermosas canciones con letras de poetas como Oquendo de Amat, Vallejo, Melgar, que su delicada voz instiló en mi corazón de una vez para siempre.

 

“Te conozco”, le digo. Y le cuento la historia del casete.  Abre más sus ojos grandes, asombrados. “No te creo….”, dice. “Existían muy pocas copias de ese casete. Unas diez. Lo grabamos con unos amigos y después lo llevamos a una fiesta. Alguien se llevó la cinta y nos dejó la cajita vacía. ¿Todavía lo tienes?”

Le he perdido, como he perdido muchas cosas valiosas en mi vida. Pero de esa grabación me queda el recuerdo vivo, las melodías que me hicieron tener las canciones de Susana Baca en el santuario de la música que ya siempre te acompañan donde quiera que vayas.

Saludo también a Ricardo Pereira, esposo de Susana y su compañero desde hace veinticinco años. Él es responsable de la edición del libro que me han encomendado presentar, “El amargo camino de la caña dulce”, una bella edición que resume muchos años de trabajo indagando sobre la negritud, su pasado, su presente y su futuro.

En ese libro descubro que según un mapa de la UNESCO la mayoría de los esclavos negros traídos de África a Perú a lo largo de tres siglos salieron de Zanzíbar, pero ni a mí ni a Pereira ese dato nos convence. Hay varios tipos de negros en el país. Lo que llamamos la raza negra en realidad es un conjunto de etnias a veces muy diferentes unas de otras, desde los bosquimanos bajitos y gruesos hasta los caravelíes, altos y fornidos, los mandingas, los chalas, los bantúes, presentes todos en nuestras costas peruanas.

“¿Es políticamente incorrecto llamar a alguien “negro”?” le pregunto a la mismísima Susana Baca. Responde lentamente: “No. Pienso que no. Yo soy negra. Lo que pasa es que hay negros a los que no les gusta que los llamen negros porque sienten vergüenza de serlo. “Yo seré negra pero no he sido esclava”, decían mis tías”.

Más tarde, entre el público habrá un muchacho en primera fila que pregunte: “Yo tengo un grupo de danza urbana, de hip-hop. Y el mejor bailarín de todos nosotros es negro. Da envidia. Yo le digo, señora Susana Baca, ¿qué puedo hacer para volverme negro, aunque no sea por el color de la piel sino solo por dentro?” Ella dará un largo suspiro de emoción. Me mira y dice bajito: “Qué dulce muchacho”. Le responde: “Sigue tratando, ya lo eres, basta tu emoción para que lo seas”. Y les dice a todos los presentes: “Blancos, negros, mulatos, indios, pueblo selváticos, chinos o japoneses peruanos, basta que queramos ser iguales para que lo seamos”.

Poco antes he dicho en la presentación: “¿Cómo, un pueblo que ha sido esclavizado y explotado hasta la miseria, tratado como una mercancía y abusado como un conjunto de animales, ha podido imponerse a todos sus amos en el mundo y marcar las civilizaciones con su música, con sus danzas, con su cocina y con su lengua? No hay cantante blanco que no quiera cantar como negro, no hay grupo de música que no replique los ritmos, el contratiempo, la clave, el modelo reclamo-respuesta del soul, del rock, de la salsa, del tondero, de la zamba, del zouk”.

El gran aporte de la música negra al mundo ha sido el ritmo, base de la estética musical del África, así como la melodía lo ha sido de Europa. Los pueblos africanos componían sus canciones con tambores de todos los tipos, tamaños y materiales, de todos los tamaños y con vatiados timbres, y hacían de la rítmica el material sonoro básico, las escalas y las estructuras armónicas que, al principio incomprensibles para los esclavistas, perduraron más allá de lo impensando, en la pura impresión del aire y del tiempo. Las que primero fueron canciones para alentar el ritmo del trabajo, luego fueron blues, luego rhytm&blues, jazz, rock and roll; y en otros lugares fueron zamba, fogo, candombe, guaracha, guaguancó, morenada, saya, zamacueca, alcatraz, festejo, landó; y en otros más sanjuanito, cumbia, guajira, son montuno. Donde quiera suene un grupo de tambores de cualquier tipo haciendo contratiempos y polirritmos está África presente; quien quiera que cante contra el tiempo, que responda a un coro o que requiebre la voz tiene a África en los oídos.

He hecho mi pregunta: “¿Por qué “Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos…” que es tan penosa, se baila?” Nadie me responde hasta ahora, pero la respuesta es sencilla: para los negros la pena no está reñida con el ritmo rápido ni con la danza, a diferencia de los europeos quienes le atribuyen a la melodía y sobre todo a las tonalidades el valor expresivo. Se puede morir de dolor al son de unos tambores.

Y así es la voz de Susana Baca: delicadeza y alegría a la vez. Unas historias dramáticas cantadas con una sonrisa en el rostro.

En “El amargo camino de la caña dulce” se puede leer sobre la negritud: “Nadie escoge el color con el que nace. Pero detrás de cada uno hay una importante multitud de padres, abuelos, bisabuelos y ancestros de la más dilatada memoria que portan su color y su cultura y su experiencia social de prestigio o desdén, de lucha con expectativas o de resistencia terca y pasión por sobrevivir a pesar de la dificultad de las circunstancias y de la ferocidad de quienes las manejan. Uno descubre su negritud desde uno mismo, pero también desde los otros. En un contexto homogéneo racialmente, la negritud de saberse igual a los demás, y de reconocer la propia piel como espejo de los otros aporta una confortable sensación de pertenencia. Esta gente entre la cual estoy es mi gente; son como yo, soy como ellos”.

Y líneas más abajo: “En contextos de diversidad racial con racismo, como es el caso del Perú, donde el racismo es la marca de la experiencia colonial, la negritud suele vivirse como exclusión y desdén”. Lo que vale para los negros vale para todas las razas dominadas por los criollos costeños.

Eso le digo a Susana Baca, la subalternidad siempre tiene similares efectos. “He recorrido el mundo —me dice—, y en todas partes es igual: los negros han sido castigados, sobrexplotados laboral y sexualmente, humillados, estereotipados, y sin embargo conservan en todas partes su alegría contagiosa, su humor y su optimismo. Si hay un ejemplo de optimismo, son los negros”.

Refiriéndose al libro presentado aquella noche dirá al público: “Yo siento que este trabajo es un libro necesario para aquellas personas que como yo recuerdo a mis tías, a mi madre, que sufrieron tanta discriminación. Mujeres que tuvieron que vestirse siempre de negro, porque los negros no debían aparecer casi. Era como si debiéramos ser fantasmas, no debíamos vestirnos de rojo ni de blanco. Yo siento que este libro alimenta la historia de todas esas personas para que nunca más se autodestruyan y más bien se enorgullezcan del aporte que cada pueblo, el pueblo indígena, el pueblo amazónico, el pueblo negro, contribuyen a engrandecer este país. Y todo deberíamos sentirnos orgullosos, como lo recuerda Willard, de ser una nación de todas las sangres. En esa variedad, ahí está nuestra riqueza, y la podemos comprobar en nuestra gastronomía, en nuestra música, en todo lo que hacemos con arte los peruanos. Yo siento que este libro es importante para los estudiantes, para las nuevas generaciones, que sientan orgullo”.

“El amargo camino de la caña de azúcar”, diré a mi turno, sigue sin saberlo las ideas de Luis Villoro, el filósofo mejicano que señala en un artículo los tres componentes de la identidad: un pasado que hay que recordar, un patrimonio con sus tradiciones, su riqueza cognitiva y su arte; un presente al que hay que conocer con la mayor objetividad, y un futuro que nos señale el camino de lo que queremos ser. Sin esos tres componentes no hay identidad posible. El pasado solo es nostalgia, el presente solo es olvido y el futuro solo es imposible. Por eso este libro tiene tres partes, una que muestra a la raza negra desde los orígenes del mundo, pues estudios antropológicos han demostrado que de África salieron las primeras migraciones propiamente humanas, y también las que han formado a las civilizaciones europeas siglos más tarde; sigue la huella de la introducción de esclavos en toda América durante la colonia, y muestra las condiciones degradantes en las que vivieron durante varios siglos hasta la Liberación en la República. Luego el libro investiga las condiciones sociales y culturales en las que se encuentran actualmente las poblaciones de afrodescendientes en toda la costa del Perú, en los valles donde naturalmente se ubicaron, y lo hace con minucioso trabajo de campo, ilustrado por excelentes fotografías, entrevistas y testimonios reales. Finalmente el libro tiene una sección dedicada a la “Prospectiva”, en la cual se muestra el Perú anhelado; cito: “En esta visión el Perú es un país donde las poblaciones rurales están incluidas efectivamente en el derecho a una educación de calidad y tienen acceso real a los servicios de salud pertinentes y relevantes. El Perú es un país donde hay oportunidades de trabajar con salarios dignos. Un país que reconoce que la experiencia de esclavitud marcó a toda la sociedad peruana y no solo a quienes fueron sacados por la fuerza de África, de Centroamérica o de Europa, esclavizados”.

Al final de la noche Susana Baca me dirá como conclusión: “No solo los negros, Willard. Indios quechuas o aymaras, pueblos selváticos, chinos, cholos, todos queremos lo mismo: un país real, efectiva y sinceramente democrático”.

 

 

 

 

You are here: Artes Música El amargo camino de la caña dulce