altodelaluna

Revista Cultural

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

El lenguaje como pedagogía

E-mail Imprimir PDF

Debate sobre las nuevas pedagogías
El poeta Wordsworth escribió este verso: "el niño es padre del hombre“.

Brillante  paradoja que ilumina la verdadera revolución: la educación, pues lo que como niño aprenda ejercerá después como adulto y si de eliminar lo malo de la sociedad se trata, solo el que percibe que los niños serán los que cambien el futuro lo entiende. Este sentido es el secreto que intuitivamente desarrolla el maestro de vocación para obtener grandes resultados con sus estudiantes. Su éxito no radica en la amenaza o el castigo permanente, sino en el tacto para relacionarse con cada uno de sus estudiantes obteniendo del grupo que se sienta cómodo y dispuesto a participar.

Tal vez el docente no sabe que con el tacto fija la adecuada situación comunicativa, base de todo uso del lenguaje humano. No sabe del giro dialógico ni del cambio de paradigma que se impone en la enseñanza de la lengua, pero basta con su vocación y compromiso.

Lo dicho nos permite precisar qué entendemos por el lenguaje como pedagogía. Exigir y obligar a los maestros para que lleven cursos de capacitación sobre la base de suponer que la lectura de literatura especializada sobre didáctica, lenguaje, aprendizaje, filosofía, etc., los va a convertir de la noche a la mañana en docentes de vocación y responsabilidad constituye un error garrafal.

En el mejor de los casos les proporciona conocimientos, pero externos que no alteran su actitud frente a los alumnos, a los que siguen viendo desde una terminología y conceptos complejos en forma negativa y prejuiciosa, no como seres humanos en formación, con los que deben entablar una relación interpersonal de respeto, amistad y afecto.

La gran mayoría de los asistentes a dichos programas están interesados solo en el certificado, en incrementar su expediente personal y cumplir con la norma para obtener beneficios monetarios. Tantos documentos impresos que certifican haber recibido cientos de horas de actualización, pero continúan en su tarea cotidiana sin un mayor tacto ni sensibilidad.

Por el contrario, como han obtenido tantos papeles consideran que su propia educación está completa, por ello retornan a las aulas procurando imponer nuevas creencias y valores, supuestamente correctos, que simplemente imponen autoritariamente a los niños y jóvenes, sin prestar oídos y preocuparse de escuchar, entender y conocer los temores, deseos, inquietudes que la escuela despierta en ellos.

La buena intención de autoridades y funcionarios del sistema educativo termina reforzando la misma educación tradicionalista interiorizada por el maestro, cuya práctica es una pedagogía de la opresión  y de la manipulación, de dominio de la autoridad docente sobre los jóvenes y niños alumnos.

La verdadera pedagogía que deben aprender e interiorizar es la de la conversación, el diálogo y la cooperación inherente al uso de las palabras entre los seres humanos.

El lenguaje como pedagogía impide anteponer a cualquier interacción comunicativa -y en especial en la enseñanza-, prejuicios, imágenes previas o presupuestos que invalidan la posible articulación de una experiencia edificante a través del lenguaje verbal. Para participar de una tertulia, una actividad grupal amena o una labor entretenida se tiene que asumir actitud de escucha, reconocer que aprenderemos de los otros y que necesitamos de la presencia de los otros porque son valiosos.

El hablar inevitablemente incluye el reconoce al oyente como un interlocutor. La docencia es en primer lugar un hablar, un interactuar, una interacción discursiva que exige como toda comunicación entre seres humanos, reconocer la situación compartida y al otro en sus propias, peculiares circunstancias.

Parafraseando a Voloshínov, el gran lingüista soviético del diálogo, podemos afirmar que la palabra del maestro siempre debe ser un puente entre un yo y otro.

Esto es lo que significa asumir el lenguaje como pedagogía. Reconocer que uno puede y debe aprender cómo usar adecuadamente las palabras en especial en una interacción comunicativa formativa mutua.

El maestro de vocación lo sabe intuitivamente y lo ha ido puliendo en su experiencia en aula. Es hechura de sus estudiantes que ven en él a un amigo, un interlocutor, alguien con quien siempre vale la pena hablar.

Un educador es un amigo que con tacto mantiene siempre vivo el interés y la confianza para conversar, preguntar y dialogar en el estudiante.

Recuperar un uso del lenguaje dialógico, solidario y cooperativo en el aula constituye casi una obligación para la tarea docente. Condición necesaria para acompañar al alumno en su formación integral como ser humano y para contrarrestar, atenuar hasta eliminar la tendencia en la sociedad consumista actual y en la cultura del espectáculo vigente a incentivar el uso confrontacional, agresivo y violento de las palabras.

El culto a un individualismo egoísta y competitivo orientado a la ganancia tiende a considerar como un valor inherente al ser humano la lucha, el enfrentamiento que convierte la vida comunitaria propia de la colectividad civilizada en una extensión de la vida natural salvaje y agreste, como si la sobrevivencia del más fuerte fuera una ley entre las personas.

Desde la perspectiva del lenguaje como pedagogía y del uso pragmático, dialógico, de la palabra en la enseñanza se convalida la fuerza de la cooperación para la evolución de nuestra sociedad, desde sus orígenes como una especie del orden de los primates perteneciente a la familia de los homínidos hasta el presente pletórico de asombrosa tecnología y ciencia.

La cooperación establecida por los biólogos y genetistas, en sus diversas formas (como reciprocidad directa, indirecta, selección de parentesco o espacial) ha perfilado la evolución de la vida misma y del homo sapiens en particular.

Los hombres y  mujeres somos los seres vivos más cooperativos que existen en el planeta. La colaboración comunitaria ha sido determinante para la supremacía del ser humano frente a otras especies ancladas en la lucha y la sobrevivencia del más apto. Esta dimensión esencial de nuestro desarrollo surgió gracias al lenguaje, pues el uso de la palabra para la humanidad ha sido y es el mecanismo que posibilita la interacción cooperativa que nos convierte en lo que somos.

El maestro, como los progenitores responsables de la existencia del niño o joven, debe asumir que su tarea docente implica una interacción cooperativa fundamental que contribuye, tanto o más que la alimentación física o el descanso otorgado por la familia, a la formación del estudiante.

Este nexo conlleva una gran responsabilidad porque presupone un afecto tan desinteresado, libre y solidario frente a los alumnos como el de los padres. Solo el profesor puede contemplar y apoyar con ojos semejantes a los de sus padres al joven o niño a su cargo.

Esa tarea tiene la cercanía del afecto que existe entre los amigos que comparten la aventura del conocimiento y la distancia de quienes en toda conversación o charla amical respeta, reconoce y preserva la identidad del otro.

Es también el fundamento del respeto, la disciplina y el orden que requiere el proceso de aprendizaje.

Estos objetivos señalados no se imponen por la fuerza, el temor al castigo y la violencia, sino por el diálogo, la cooperación mutua y la responsabilidad interiorizada, cuya existencia responden a un uso adecuado de la palabra en cada situación comunicativa y al tacto, a la sensibilidad y afecto que solo el maestro como padre putativo puede propiciar.

Esto es lo que denominamos lenguaje como pedagogía.

You are here: Ciencias Sociales El lenguaje como pedagogía