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Revista Cultural

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QUISIERA SER UN TROVADOR

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Entrevista a Américo Martínez

Hace treinta y un años Américo Martínez animó a tres de sus amigos para acompañarlo en su debut en público, en el cual presentó por primera vez sus canciones y otras de la llamada Nueva Canción Latinoamericana que por entonces conquistaba a los corazones que laten hacia la izquierda del país.

Desde entonces el cantautor ha entonado su música frente a miles de entusiastas, muchos de los cuales han seguido su carrera y han formado junto a él un cerrado círculo de amigos y compañeros.

El pasado jueves por la noche tuve ocasión de dialogar en público con Américo, mi viejo amigo, en la acogedora Biblioteca del Centro Cultural Peruano Norteamericano. Alternando recuerdos con canciones pasó una noche memorable de la cual transcribo algunos de los comentarios.

 

P. Si bien te has convertido en uno de los íconos de la cultura popular arequipeña, me caben dudas: ¿Has nacido en Arequipa?

R. No.

Nací en Abancay, porque mi padre viajaba mucho en esos años debido a su trabajo. Estudié el colegio en Puno, viví en Iquitos y para estudiar en la Universidad me vine a Arequipa con mi familia. Seguí Antropología, aunque mi destino era la música.

Pero mi padre y mi madre son arequipeños.

P. Y tú te sientes arequipeño…

R. Por supuesto.

P. Empezaste a cantar muy joven, supongo. ¿Qué canciones fueron las primeras que interpretaste?

R. Yo tuve mucha suerte. Cuando estaba en quinto de primaria tuve un compañero cuyo papá era dirigente del SUTEP. Eras los tiempos de Velasco. El señor tenía una colección de longplays entre los que estaba Víctor Jara, el Temucano, Cafrune, Quilapayún, la nueva canción latinoamericana. Me enamoré de muchas de esas composiciones: “Te recuerdo Amanda”, “La casa nueva”, “Las casitas del barrio alto” que era de Peter Seager y que Víctor Jara adaptó.

Víctor Jara estuvo en Arequipa, se presentó en el Teatro Ateneo en 1976. Algunos amigos tuvieron la suerte de estar allí. Un profesor mío, el Flaco Cano, que ha fallecido hace poco, me contó de ese recital. No fueron más de veinte personas, según me dijeron.

P. ¿Estuviste en la presentación de Juan Manuel Serrat en el Coliseo Cerrado?

R. No llegué a ir.

P. Fue igual, no más de cien personas en tremendo local. ¿O sea que desde el primer día cantaste trova, hasta ahora?

R. Voy a contar algo que nunca he contado a nadie.

En cuarto de secundaria tenía un compañero que tocaba guitarra eléctrica muy bien, y ya pertenecía a la orquesta de Los Hermanos Linares, que tenía muchos contratos en esa época. Ellos crearon un grupo alternativo, con el mismo repertorio más un poco de rock. Se llamaban Los Quantos.

Mi amigo me preguntó si quería pertenecer al grupo. Dije ya. Y empecé a cantar con ellos: salsa, rock de los Bee Gees que estaban de moda.

P. ¿Cantabas en inglés?

R. En inglés. No podía pronunciarlo bien y a veces no sabía lo que cantaba, pero ahí estaba yo.

P. ¿Boleros?

R. También.

P. Muy cercana a la Trova está la Zamba argentina. ¿Cantaste zambas?

R. Es que la Trova no es un género.

A raíz de las dictaduras militares en Chile, Argentina, Uruguay, en los años 70 y 80 la gente quería expresar su disconformidad y entonces nació la Canción Protesta. Aparecen Víctor Jara, Víctor Heredia, Piero, Mercedes Sosa, Quilapayún, Leon Gieco y tantos otros. En Perú surge el Kiri Escobar.

En Cuba pasa el fenómeno inverso: en vez de canciones de protesta se canta la adhesión al proceso revolucionario. Nace la Nueva Trova Cubana. Ellos ya tenían una tradición de trova, solo la adaptan para la nueva situación.

P. Quizás lo que las une es aquello que entonces se llamaba “el compromiso social”…

R. La pasión humanista, digamos.

P. ¿Hay algún rock que se considera parte de la Nueva Canción Latinoamericana?

R. Como te decía, la Trova no puede considerarse un género; admite la canción, el rock, el bolero. Yo me atreví por ejemplo a escribir huaynitos que dirías que son Nueva Canción Latinoamericana.

P. ¿Siempre has sido solista?

R. Para mi primer concierto en 1986 convoqué a unos amigos y dimos un pequeño concierto aquí en el Teatro del Cultural que nos apoyó muy bien. Estuvo mi amigo Guillermo Valdez, que es pianista además de nuestro psiquiatra; Jesús Carpio, flautista y arquitecto.

P. ¿Jesús ya estaba en “Espergesia”?

R. Antes hizo Espergesia, junto a José Luis Sardón…

P. Hoy ilustre miembro del Tribunal Constitucional, rockero en sus tiempos.

R. Y el grupo lo completaban mi amigo y compañero de estudios en Puno, Roger Delgado, que tocaba el bajo; y Abel Arias en la batería. Era junio del 86. Nos hemos vuelto a reunir para hacer un recital de recuerdos. Son 31 años.

P. Veo que el público de la Trova es bastante fiel y constante, que hay un grupo de habitúes en la Casa de la Trova, por ejemplo, que forman un ambiente casi familiar muy agradable. ¿Qué representa esa fidelidad?

R. También hay cantantes muy jovencitos. Las nuevas generaciones están redescubriendo Sui Géneris, Silvio, Pablo Milanés, Spinetta. Pero sí, hay amantes de la trova.

En la casa tratamos de motivar la cultura de la escucha, que la gente te escuche. Cuando toco en otros locales me pasa que estoy cantando y todos conversan. Me siento solo. En la casa todos cantan, participan del ambiente. Es muy bonito.

P. ¿Y cuál es la más querida de tus experiencias con otros troveros?

R. Recuerdo con mucho cariño una fecha en que tuve la suerte de participar y conversar detrás del escenario con Piero, León Giecco, Víctor Heredia y El Temucano, que llegaron para un concierto que se llamó XI Festival de la Canción Indomericana. Son gente extraordinaria, comunican paz, como se dice de los viejos sabios de la antigüedad que eran queridos, cuidados y admirados por su sabiduría. Todos además de cantar hacen obra social, apoyan fundaciones entre los más pobres sin hacerse publicidad.

P. ¿Y en tus giras por el extranjero, dónde te sentiste más a gusto?

R. Creo que ha sido en Cuba, en Guanabacoa. Sentí el calor del público y su emoción para cantar. En 2011. Me invitó un cantante cubano que se llama Pepe Ordaz.

P. ¿Y alguna vez te has encontrado con un público políticamente adverso a la trova?

R. Menos mal que hasta la fecha no.

P. Lo digo porque la trova tiene un mensaje de izquierda. ¿Te consideras un hombre de izquierda?

R. Totalmente y a mucha honra. Aunque se ha satanizado un poco el término “izquierda” y se usa a veces para desmerecer a la gente. Soy de izquierda sin dejar de ser humano. Creo que hay que ser coherente con lo que cantas y con lo que haces en la vida.

P. ¿Eres un cantautor o un trovero? ¿Hay alguna diferencia?

R. Quisiera ser un trovador, algún día.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. Trovero suena un poco despectivo. Digamos que soy un cantautor que quisiera ser un trovador. Alguien que canta a la vida y a un mundo mejor, que se compromete con la gente humilde y aunque no haga el cambio con su guitarra acompañe a la gente que sí lo hace y busca la igualdad.

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