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LOS JUEGOS DE LA VIDA

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Una novela arequipeña

 

Tenía tan solo veintitrés cuando llegó a México, parecía que llegaba para quedarse, parecía que llegaba para encontrar el éxito, sin embargo, después de consagrarse con su novela “Los juegos verdaderos”, novela premiada y publicada en 1968 con una mención honrosa en el certamen Casa de las Américas de Cuba, y contando con la bendición de Juan Rulfo quien dijo que era "la novela que iniciaba la literatura de la revolución en Latinoamérica", Edmundo de los Ríos desapareció, salió de la nada y se fue en medio de la nada, nadie volvió a saber de él en México y nunca quedaron claras las razones de su partida al Perú.

 

Así era él pintoresco y excéntrico, difícil de olvidar, se dice que no toleraba las injusticias, ni faltas de respeto y que frente a estas situaciones explotaba; sin embargo tenía un gran sentido del humor.

A su vuelta al Perú se dedicó a escribir con ahínco y terminó dos novelas: “Los locos caballos colorados” y “El mutilado ecuestre”, presentó ambas novelas a algunos concursos en los que, por esas cosas del destino, siempre quedaban como finalistas, aunque sin posibilidades de publicación. El éxito no le volvió a sonreír, muy por el contrario le fue esquivo, sin embargo, esto no lo desalentó, siguió escribiendo incansablemente, con esa búsqueda de perfeccionamiento tan propia de él.

Willy Niño de Guzmán cuenta que: “Una noche, harto de tantos naufragios y reveses, subió al último piso del edificio donde vivía y arrojó al viento los cientos de papeles que conformaban el único ejemplar de la novela que venía trabajando y con la que lidiaba obsesivamente, a la vez que enfrentaba la precariedad económica y el demonio de la dipsomanía”, esto nos muestra mucho de su personalidad.

Edmundo era un escritor que llevaba enraizada la poesía, con una gran sensibilidad que supo plasmar en sus obras y en su vida que lo llevaron a extremos, viviendo al límite entre el alcohol y la Literatura; a pesar de que le gustaba pasar desapercibido cuando se trataba de reuniones de escritores, era inevitable no fijar la atención en él: flaco, desgarbado, con sus anteojos empañados, sus bigotes largos y descuidados, con una altitud siempre altiva y su cigarrillo en la mano.

A pesar de que no tenía físico de peleador, en todas las fiestas del Cuento de las Mil Palabras que Caretas organizaba, Edmundo terminaba retando a duelo o trompeándose con algún compañero, sin importarle que ocuparan altos cargos dentro de la revista. Oswaldo Chanove menciona que se caracterizaba por “el mágico refinamiento de su espíritu, su filoso humor, su entrañable amistad, pero especialmente su prosa innovadora”

Trabajo durante muchos años en la revista Caretas, la que le sirvió de tribuna para reivindicar a varios personajes, escritores y escritoras que habían caído en el olvido como el sabio arequipeño Pedro Paulet o mujeres relegadas como Mercedes Cabello, Laura Caller o Clorinda Matto de Turner, entre otros; esto le granjeó varias condecoraciones.

Según su hermano José de los Ríos, Edmundo, desde muy niño, disfrutaba de la lectura de ficciones, los libros eran prácticamente su única compañía incluso cuando se casó con Teresina Muñoz Nájar, quien fue la compañera y cómplice de toda su vida; por no tener hijos, manifestaba que “sus hijos eran los libros”.

Edmundo de los Ríos nació en Arequipa en 1944 y murió en el 2008, vivió tan solo 64 años y solo publico una novela, sin embargo, fue suficiente para que obtuviera un lugar renombrado dentro de la narrativa peruana y más aún, un lugar privilegiado en la memoria de sus lectores.

Hace algún tiempo, como parte de las lecturas establecidas en la universidad, leí su novela “Los juegos verdaderos”. Desde el comienzo me resulto inevitable no sentirme atraída por su lenguaje envolvente pero sobre todo por la trama, que resulta inquietante y genera una desazón inexplicable.

En ella se aborda el tema de la guerrilla en los años sesenta en el Perú, a través de los ojos de un joven que se siente atraído por las ideas utópicas de izquierda y se une a ella, porque desea cambiar el país con actos y no con ideas. Nos muestra a un guerrillero héroe, con una nobleza de espíritu, que lucha y se sacrifica en nombre de sus ideales.

En un tiempo irregular se va mostrando diferentes etapas de la vida del protagonista, de la niñez a la adolescencia y luego a la juventud, se nos da a conocer como este termina jugando el juego verdadero, que es la vida, sin darse cuenta al convertirse en un guerrillero que es apresado y encarcelado en una prisión atroz que no sabe exactamente dónde está, ahí es tratado como una basura, vive en una celda atestada de ratas y suciedad, en medio de la oscuridad, teniendo como compañero a un negro que luego de algún tiempo muere, el protagonista pierde la noción del tiempo, pero sobre todo pierde cualquier esperanza; del joven con ideales no queda casi nada, solo es la muerte deambulando.

Esto cambia de alguna manera con la llegada de Humberto Marín, joven que al igual que él ha sido apresado por guerrillero, él trae algo de esperanza mientras la muerte se va cerniendo sobre el protagonista. El traslado a otra prisión pareciera que le devuelve la vida, sin embargo solo inicia su descenso a un mundo de delirios y devaneos propios de la fiebre que lo consume.

A lo largo de la novela la figura de “la Mica”, joven de quien el protagonista está enamorado desde siempre, aparece indistintamente, tan lejana, como un amor platónico pero a la vez tan cercana como si siempre hubiese sido suya.

Los cambios de un acontecimiento a otro son tan rápidos que se dan uno al lado del otro, dentro del mismo párrafo, lo cual requiere de la atención constante del lector.

Se podría decir que Edmundo de los Ríos es un arquitecto del relato, que nos va atrapando no solo en el laberinto de su lenguaje, sino en cada uno de los detalles y recursos que emplea.

Al faltar algunas páginas por leer, y viendo que el final se aproxima, me detengo, me resisto a terminar la novela: sé que volveré a ella una y mil veces no sé si para terminarla o simplemente por puro placer. Luego solo quedan en mi cabeza retumbando varias palabras: guerrillero, ratas, negros, piojos, tuerto Zorco, universitario, los halcones negros, camión, muerte.

 

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