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Revista Cultural

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LITERATURA Y PERIODISMO

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Entrevista al profesor Willard Díaz, UNSA.

 

P. ¿Qué le motivo a incursionar en el periodismo?

Quizás fue la vecindad: mi casa quedaba en Cruz Verde, a una cuadra del diario El Pueblo. En las noches se oía el rumor de las rotativas. Quizás fue el deseo exhibicionista de que mi nombre saliera en los diarios. Quizás fue el placer y la obligación de escribir con plazos fijos.  Quizás una mezcla de todo esto.

P. Asumo que su faceta de narrador fue anterior a la periodista – desmiéntame sino-, ¿cómo cree usted que influyó su faceta de periodista en su estilo narrativo?, ¿hubo alguna influencia?

En realidad empecé a escribir ficción y a trabajar en un diario casi al mismo tiempo. Me gusta la prosa de oraciones cortas, de párrafos breves, claros y sugerentes. Sirve para los dos tipos de discurso, como bien lo sabe Hemingway que fue uno de mis primeros maestros. Pero ahí acaba la similitud. El periodismo no es ficción.

P. Borges mencionaba que el ejercicio del periodismo distorsionaba la mente del escritor. Hemingway afirmaba “el trabajo periodístico no le hará daño al escritor joven y podrá ayudarlo si lo abandona a tiempo”. De esta polémica entre la mala o buena influencia del periodismo con la literatura, ¿que opina Ud.?

Creo que el Derecho es el que malogra la pluma. Algunos amigos antes de volverse litigantes publicaron poemas promisorios.

En nuestro país ha aparecido una nueva generación de excelentes novelistas salidos de las salas de redacción de diarios y revistas. Estoy con Hemingway.

P. De acuerdo con su experiencia como escritor y periodista, ¿cuáles serían las proporciones de una metafórica receta donde la literatura y el periodismo serían los ingredientes?

No creo que haya ninguna receta, perdóname. Y además, hay muchísimos otros ingredientes: la pasión por la lectura, la oportunidad, la ayuda de la familia y los amigos, el gusto por las palabras, la afición por la música, la curiosidad frente a la vida, la imaginación, el descontento, la brutal capacidad de autocrítica, un buen lugar donde escribir, un poco del buen dinero cada mes, la constancia y la disciplina, la capacidad de decirles no al alcoholismo y a las drogas que abundan en el medio artístico, el talento, la experiencia vital, la capacidad de meterse en la piel de otras personas y de crear personajes verosímiles, el poder de huir de las frases hechas, de los lugares comunes, de los estilos de moda, y otros factores más. Con todo eso, las proporciones pueden variar hasta el infinito.

P. ¿En la época en la que se inició en el periodismo, cuál era la relación entre la literatura y el periodismo? ¿Había escritores periodistas? ¿Cómo eran a diferencia de los de hoy?

Mi profesor Jorge Cornejo me llevó al diario El Pueblo, donde escribí mis primeras colaboraciones. En radio hice periodismo de noticias, y en Panamericana dirigí un noticiero; pero lo mío ha sido el periodismo cultural.

Mi mejor ejemplo, para responderte, ha sido el Suplemento Cultural del Diario Correo, la “Lagartija”, que sacamos con Omar Zevallos en los 90. Allí empezó un excelente narrador puneño-arequipeño, Elard Serruto, sus crónicas urbanas me parecen hasta ahora insuperadas en Arequipa. Colaboraban José Gabriel Valdivia, Fernando Rivera, Abraham Sugimoto y otros.

Hoy en cada diario y cada revista de nuestra ciudad hay uno o varios de nuestros egresados de la Escuela de Literatura de la UNSA, y me gusta creer que eso ha elevado el nivel de la prosa periodística en general.

P. ¿Si tuviera que dar un canon de escritores periodistas cuál sería?

Gabo, Hemingway, Tom Wolf, Capote, Norman Mailer, Monsiváis, Gamboa y Cisneros. Esos.

P. ¿No ha considerado la posibilidad de resucitar la revista “Lagartija” desde una perspectiva actual? ¿Qué se necesitaría para ello?

Un par de veces me pasó esa idea por la cabeza, incluso lo llegué a conversar con Omar. Pero desistí, porque las condiciones de la ciudad han cambiado mucho y yo mismo he cambiado mucho.

Crear una revista cultural demanda el terrible esfuerzo de meterse a la ciudad dentro del cerebro, de idear lo que la conmueve, qué la entretiene, la hace reír, le duele, y a qué aspira. Muchos crean revistas literarias y culturales para “expresarse”, mostrarse al mundo. Las revistas que saqué desde que tenía veinte años iban en el sentido contrario, de la ciudad hacia adentro.

P. ¿Qué experiencia le deja el último Hay Festival en nuestra ciudad y su contacto con Jeremías Gamboa, Renato Cisneros, Giovanna Pollarolo y Fernando Ampuero, todos ellos escritores imbuidos en el periodismo?

Curioso que los cuatro sean o hayan sido periodistas. Margo Glantz también lo ha sido en algún tiempo. Lo que noté, y puede ser pura coincidencia, es que los citados son magníficos conversadores.

P. ¿A quién le gustaría con todas sus fuerzas entrevistar antes de morir?

He entrevistado a Pelé, a Vargas Llosa después que escribió “La ciudad y los perros”, a Efraín Kristal, el mejor crítico vivo de Vargas Llosa; a Ribeyro, a Bryce Echenique, a Margo Glantz, en fin.

Creo que me falta conversar con Richard Ford o con Dios antes de morirme.

P. Supongamos que Santiago, su bebe, cuando joven le dijera que ha decidido dedicarse al periodismo: ¿sobre qué aspectos del oficio del periodista le advertiría? ¿Qué tipo de periodista le gustaría que sea?

Le diría que no estudie Periodismo o “Ciencias de la Comunicación” (un consejo que le oído a muchos de los mejores periodistas de la ciudad), sino una carrera de Ciencias Sociales, y después que pida plaza en algún diario.

Si fuera periodista, le diría que se las ingenie siempre para deslizar la verdad en medio de sus líneas pagadas. Creo que el mejor periodista es aquel que sabe encontrar un lugar ético; y si no, se lo crea. Esto último es más difícil y por ello más meritorio.

El periodismo de noticias está malogrado por la idea mercantil de que hay que estar contra todo y contra todos para no ser mermelero ni aburrido, y que el mejor rol que pueden hacer es el del antagonista, el del acusete gritón. Yo no le creo al puro agresivo tipo Butters o Aldo Mariátegui, es su triste modo de ganarse la vida. El buen periodista está inspirado por la visión de una vida mejor, y así mira las noticias.

 

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