altodelaluna

Revista Cultural

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

DIFÍCIL CONCEPTO DE NACIÓN

E-mail Imprimir PDF

El concepto de Nación, ¿pertenece al campo de la Ciencia o al de la Política?

 

Aunque las Ciencias Sociales no dejan de repetirnos que todo acto tiene un trasfondo político, en la práctica tratamos siempre de cercar a la política en un espacio cerrado para evitar que contamine a los demás aspectos de la vida cotidiana. Se considera poco amable hablar de política en la mesa o en reuniones de amistad.

De otra parte, parece poco científico mezclar política y academia. Estamos convencidos de que la política y la universidad no deberían juntarse por nada, porque se supone que desde la política no puede llegar uno a la reflexión científica. No obstante, en Perú José Carlos Mariátegui es un magnífico ejemplo de cómo a partir del pensamiento político puede hacerse también reflexión académica.

En las décadas de los 70 y 80 un grupo de hindúes de familias aristocráticas que habían estudiado en las mejores universidades occidentales comenzaron a reflexionar a partir del Posestructuralismo sobre la situación poscolonial de su país de origen. Rápidamente los llamados “Estudios poscoloniales” se extendieron a otras regiones del mundo que sufrían la misma opresión simbólica y política por parte del eurocentrismo y del capitalismo. Por ejemplo, un grupo de investigadores latinoamericanos pretendió (paradójicamente, desde la universidad  norteamericana) realizar un programa de estudios para revelar el poscolonialismo de América Latina.

Uno de los mejores exponentes de los estudios poscoloniales es el indio Homi K. Bhabha (1949). Basándose en la teoría de la Deconstrucción, del francés Jacques Derrida, reflexiona Bhaba sobre la nación y el nacionalismo. Coincide con el investigador inglés Benedict Anderson, el autor de “Comunidades imaginadas” (1983), en que la nación moderna es un sistema cultural socio histórico y político que se postula fundamentalmente en discursos narrativos, como la literatura.

El aporte de Bhabha consistió en destacar la significación contradictoria del concepto de Nación. Lo entiende como una construcción que se mueve a través de oposiciones y heterogeneidades, lo cual dificulta su comprensión.

El carácter ambivalente de la nación moderna resulta de un intento, siempre fallido, de articular pares categoriales contrarios dentro de un solo sistema: antigüedad y tradición, sociedad y universalidad, interés privado e interés público, regresión y progreso, adentro y afuera, propio y extraño, pasado y futuro.

Esta polarización, notoria en diferentes narraciones sociales, provocaría constantes indeterminaciones, desplazamientos; afiliación y desaprobación; que hacen de Nación un concepto parcial, siempre a medio construir. El poder, en él, nunca está constituido completamente. De igual forma, las historias nacionales son textos en proceso, que apuntan a concluir una imagen de poder siempre parcial.

Bhabha fundamenta su propuesta en el pensamiento del marxista italiano Antonio Gramsci, para quien la nación es una agencia que sirve a la cultura como fuente que sostiene la hegemonía. En esta dinámica de poder, la nación establece sus propias fronteras, que serán reconocidas como los límites del contenido de lo que se piensa como nacional.

Sin embargo, dichos límites solo se entienden en relación con otros significados y no como significados puros e independientes. Se establecen como tales en su relación con otros; los límites son resultados de negociaciones culturales y políticas que se realizan indefinidamente, no se resuelven como las oposiciones dialécticas. Por ello, la nación siempre estará en construcción. Cuando se invoque lo nacional se estará reiniciando un proceso en el cual la presencia del diferente, del otro, será ineludible.

Bhabha, como deconstructivista que es, incide en desarrollar un programa de estudio de textos y narrativas que no solo caractericen el objeto de estudio sino que lo transformen al mismo tiempo. Es decir, hay que hacer evidente la ambivalencia, encontrar la conciencia social que produce la significación, demostrar que la nación es un concepto temporal, cuyos límites deben ser puestos en duda para borrarlos y así cuestionar su supuesta totalidad. Poner en duda los nacionalismos es, a la vez, un acto de transformación de lo que entendemos por Nación, es contestar a las supremacías culturales.


La aparente novedad de este programa ya había sido vista siete décadas antes por José Carlos Mariátegui (1894 – 1930) en el Perú. El Amauta fue un autodidacta provinciano, nunca estudió en una universidad; su contexto de pensamiento fueron el positivismo, el marxismo y el ambiente político e intelectual de las primeras décadas del siglo XX. Murió a los 36 años. Sus escritos no tuvieron pretensiones académicas, ni trataron de desligarse de la política. Su prosa está siempre dirigida a discutir con el poder, pero ello no le privó de lucidez para llegar a las mismas conclusiones que los estudiosos de las mejores universidades del mundo.

En el Perú las élites veían a la Colonia como cuna de la nación peruana. El período incaico les proporcionaba criterios para señalar la tradición. El indigenismo exaltaba al incario y los criollos se ensalzaban en la elegancia y la caballerosidad coloniales. Al mismo tiempo, acusaban de extranjerizantes y alienantes a algunos ideales de la Modernidad, generalmente los relacionados con la igualdad y la libertad.

Mariátegui discute esa idea y señala que la nación es una significación que obedece a los intereses de la clase alta que selecciona convenientemente la tradición y la realidad ad hoc para mantener su posición de poder. Tradición y realidad, para el Amauta, son procesos dinámicos, en crecimiento, siempre cambiantes. Sin embargo, las élites pretenden convertirlas en significados estáticos que sirven para negar y separar, exacerbando el nacionalismo y alejando convenientemente lo nacional de lo internacional.

Tales discursos elitistas evitan estratégicamente definir con claridad qué es la Nación —si lo hicieran se encontrarían con una ambivalencia que acepta los “exotismos”—, y rechazan todo aquello que puede significar una amenaza a su posición de poder. Esta ambivalencia ineludible, para Mariátegui, solo puede resolverse aceptando que el significado de ”Nación peruana” está en proceso de construcción. Algo que, como ya se vio, se aplica a todas las naciones, incluso a las consideradas más antiguas.

Además, conviene entender que en esa construcción significativa ingresan elementos tanto externos como internos: lo nacional y lo internacional se mezclan y la supuesta separación entre propio y extraño no es un criterio útil para definir lo nacional.

Definir la nación es un ejercicio de aceptación, de captación de elementos y no de negación; es hibridación, en términos poscoloniales: el internacionalismo es un hecho histórico innegable favorecido por el crecimiento de las industrias en el capitalismo.

La posición de Mariátegui, como es evidente, no coincide con las propuestas de los poscoloniales del presente que en su mayoría se oponen a la idea de nación por considerarla relacionada con el poder occidental.

El Amauta afirma que la nación no siempre obedece a los intereses de las clases dominantes. En ciertos momentos históricos la concepción de nación se ha relacionado con la defensa de la libertad de las clases oprimidas. Como ha sucedido, muchos años después de la muerte de Mariátegui, en Bolivia y Ecuador, que declararon su estados como plurinacionales para promover valores de equidad con poblaciones que eran subalternizadas.

Mariátegui propuso, finalmente, que la nación peruana debería definirse a partir de la proyección hacia el futuro de las nuevas generaciones comprometidas con la reivindicación del indio excluido por las posiciones nacionalistas. La idea de lo nacional debía conjugarse con el bienestar de las clases populares, aceptando además todo aquello que pudiera “aclimatarse” a la situación peruana: “La nación vive en los precursores del porvenir”, escribió.

Este programa pertenece a lo que Mariátegui denominaba un “indigenismo revolucionario”.

You are here: Columnistas Pamela Cáceres DIFÍCIL CONCEPTO DE NACIÓN