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Revista Cultural

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HART CRANE

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“The bridge” muestra una obra majestuosa.

 

El poeta Hart Crane murió al saltar del barco de vapor S. S. Orizaba en 1932 mientras regresaba a los Estados Unidos. Abandonarse al agua es un gesto casi insensato y lúcido en cuanto alberga la aceptación de la inmensidad incontenible que nos rodea y nos pierde. Si el lenguaje fuera esa unánime marea, el poeta se vería ineludiblemente en la imposible tarea de sumergirse en el gigantesco océano tratando de traer de vuelta unas cuantas palabras que lo eximieran. Escribir es esa constante lucha de sobrevivencia mientras nos sumergimos en lo profundo de nosotros mismos tratando de rescatarnos. ¿Cuántas veces tuvo que zambullirse y salir ileso Crane para construir toda su obra poética?

Crane nos deja una obra excelsa de dimensiones épicas. En su trabajo “The bridge” (El puente) muestra una obra majestuosa como la misma vida de una nación. Crane en estos poemas intenta construir un relato completo de Estados Unidos.

El extenso poema se divide en seis partes y cada una relata la historia de la nación estadounidense a través de una simbología extraordinaria que trata de reunir el espíritu moderno y la nostalgia del pasado mítico. El recorrido en “The bridge” pasa por Colón, Pocahontas, Whitman, John Brown hasta elementos modernos como el tren subterráneo y el mismo puente de Brooklyn. Su obra se desarrolla creando pequeños poemas que elaboran una reflexión del pasado y de la modernidad gracias a bellas metáforas. Una obra de tal magnitud solo se comprara al trabajo de Eliot o Whitman.

Crane es una mente lúcida en un mundo nuevo. Se sumerge en el mundo en que vive y trata de ver la tradición sobre la que se ha edificado como las bases que sostienen un edificio o un puente. Sus palabras no solamente rescatan el pasado sino tratan de inmortalizarlo creando un universo expectante y acabado. Expectante en cuanto a la forma de introducir los temas, su estilo pulcro e imaginativo nos sorprende en cuanto trata de traernos algo que al igual que el pasado solo puede renovarse en la forma como se presenta.

Claro que tal trabajo impone una lectura minuciosa y nada ingenua. Pero esos son requisitos fundamentales para disfrutar cualquier gran obra.

Harold Crane no se limitó a “The bridge”. Sus demás poemas revelan ese mundo inmenso. Más accesibles al lector son sus primeros poemas “White buildings” publicados en 1926. Al empezar a leerlos ya nos damos cuenta que nos encontramos con un escritor de gran talla. El dilema del poeta que se enfrenta al mundo moderno con sus edificios y su vida de trabajo con horarios fijos se percibe en toda la obra. Atrapado entre el mundo que se erige y el pasado ya perdido, Crane nos hace encontrar restos del mundo caduco en las imágenes del ahora y las extiende por todos lados como renovando la visión que se nos presenta. Un tema que bien podría hacernos reflexionar en el Perú hoy en día.

Imaginen  ver un objeto como un rio y ver a través de él la historia que se va tejiendo, las personas que pasaron a través de él, los amaneceres y atardeceres reflejados en sus aguas, las miradas perdidas que buscaban en ese rio sentido: así es la poesía de Crane.

“White buildings” es refrescante e inteligente. Traduzco acá uno de mis poemas favoritos de esta colección.

 

 

Pastoral

No más violetas,

Y el año

Interrumpido por humeantes paneles.

Qué bosques recuerdan ahora

Sus llamadas, su entusiasmo.

 

El ritual de sabia y hojas

que el sol prolongó,

Termina en este último apagado

Bronce y latón. El viento

Toma las riendas.

 

Si, polvoriento,

Sostengo una imagen más allá de esta caída cosecha,

Puedo  solo preguntar, “Insensato–¿has recordado demasiado?;

 

O hubo muy poco que decir

Por comodidad o decisión-

El verano apenas ha empezado

 

¿Y las violetas,

unas cuantas recogidas, el resto muertas?

 

En el poema vemos como un tono nostálgico del pasado simbolizado en la fragilidad de las violetas se extiende por el poema en una pregunta hacia el futuro. Se reflexiona acerca de la transición del cambio acaecido y se trata de ir más allá. El poema culmina en una pregunta que puede presentarnos la inquietud del poeta en su búsqueda de prever lo que existe más allá en ese espacio difuso e incierto que nos espera siempre adelante. Crane también inmortaliza la naturaleza y la engrandece dotándola de una dimensión mítica. El pasado se observa y se extiende como una danza enorme que es el ritual de la sabia y las hojas prolongando vida y que es interrumpida por el paso de la modernidad con sus construcciones de acero. Se juega con la nostalgia y la clarividencia. El mundo deviene en una armonía escondida que solo el tiempo conoce pero que el hombre ya se ha cansado de ignorar.

Al releer a Crane pienso que,  tal vez, lo que uno deja escrito es un testimonio contra toda especie de temporalidad.  Y si sustrajéramos del mar los pensamientos intactos de los que se fueron y los desmenuzáramos como quien busca la verdad de una flor retirando los pétalos. Una autopsia de las palabras demandaría encontrar los pensamientos aun no articulados como una afinidad  que se revela en el cuerpo. De esa forma, las palabras de un poema nos diría la inmensidad de la dedicación y entendimiento de una persona  por su arte.

Hart Crane ha muerto, pero su obra sobrevive.

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