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Revista Cultural

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Cumbaza

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Crónica de la II Feria del Libro en Tarapoto

Buscando refugio en la sombra de árboles y casas, los estudiantes se detienen por un momento para dar alivio al bochorno de la mañana o de la tarde. En Tarapoto, ha llovido el día anterior; pero hoy el aire no se transforma en brisa y más parece un espíritu de fuego que se niega a abandonar la ciudad. Los profesores incitan a los jóvenes a continuar el viaje y ellos, entretenidos en conversaciones y carcajadas, fingen no haberlos oído (quizá así puedan permanecer un poco más en las ocasionales sombras). El llamado se repite en la fila; por tanto, abanicando papeles frente a sus rostros, deben retomar el camino que los conduce a la plaza Mayor de Morales. “Cumbaza”, se deja oír en la boca de algunos de ellos. “Cumbaza”, dicen sonrientes los más pequeños.

Si bien todos saben del extenso y delgado río Cumbaza que va bordeando y humedeciendo el valle de Tarapoto de noroeste a suroeste, hay quienes optan por señalar con ese nombre a los primeros habitantes de las tierras de Suchiche y Maucallacta, exterminados por los españoles durante la Conquista. Entonces se van contando entre ellos, la tenaz resistencia de aquel grupo de aborígenes y la última familia que asistió a la lucha. La muerte de los padres y la huida a las colinas de los dos hijos: una mujer y un varón; quienes, cuando casi eran alcanzados por los conquistadores, se transformaron en mariposa y toro, respectivamente. Dando origen luego a la laguna de Suchiche (el cuerpo herido de ella) y el río Shilcayo (las lágrimas de él).

Ciertas niñas, prefieren pensar en una historia de amor que narra la leyenda de Ahuashiyacu, donde la hermosa hija del jefe de la tribu se convierte en cascada y el joven guerrero, en un toro negro que cae a un abismo tras subir al cerro en su pretensión de reencontrarse con su amada… Repentinamente, se escuchan voces amplificadas por los micrófonos. Voces que distraen a los caminantes de sus conversaciones y les anuncian que están llegando.

Al entrar en la plaza, los jóvenes estudiantes descubren carpas decoradas con telas y muchos libros exhibiéndose sobre las mesas. Se aproximan para ver los títulos y en la base de las portadas alcanzan a leer los nombres de distintas editoriales independientes: “Cuadernos del sur”, “Acerva”, “Mano alzada”, “Paracaídas”, “Colmena”, “Pakarina”, “Pasacalle”, “Arteidea”, “Prometeo Desencadenado”, “Vicio Perpetuo”… Después los expositores y escritores venidos de Tacna, Arequipa, Huancayo, Trujillo, Lima, San Martín… Entre ellos, Oswaldo Reynoso, Eloy Jáuregui, Javier Garvich, Jorge Luis Roncal, Wilson León…  hablarán de emociones, contarán sobre las historias que laten entre las páginas de los libros  y compartirán con el público sus experiencias de lectura…

De continuar esta iniciativa en el distrito de Morales, promovida por el municipio y con el apoyo de grupos culturales como “Lupuna” (el año anterior) y “Resistencia” (este 2014), quizás otras autoridades noten la importancia de incorporar políticas culturales en sus programas de gobierno. Después de todo, siempre es digno de elogio cualquier esfuerzo por vincular a la población con la educación, el arte y la cultura. Por el momento aplaudo que en un pequeño distrito de Tarapoto, los jóvenes estudiantes y quienes como ellos se pasearon de stand en stand en la II Feria Nacional de Literatura y Artes, sepan que las palabras siempre pueden enriquecerse. Y piensen no solo en ríos, cascadas y leyendas; sino, además en libros, cada vez que alguien vuelva a decir “Cumbaza”.