altodelaluna

Revista Cultural

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

La luz de Benedikte Naubert

E-mail Imprimir PDF

Cuentos populares alemanes

Una mujer vestida de blanco recorre las habitaciones y los corredores del castillo de Neuhaus, en Bohemia. Lleva un manojo de llaves atado a su cinto y con ellas abre y cierra todas las puertas. Alguna vez se llamó condesa Bertha von Rosenberg; pero ahora quienes se refieren a ella lo hacen como la dama blanca y es una sombra que conecta el pasado con el presente.

En el lugar habita también una joven mujer de nombre Bertha von Neuhaus, no es de origen tan noble como la anterior. Esta última carece de toda riqueza material y su destino se une al mismo castillo desde que tuvo la fortuna de nacer en él, en una de tantas pascuas cuando los Rosenberg y los Neuhaus se reúnen.

A sus diecisiete años, la joven Bertha hubiera estado ya casada, de no ser porque su novio falleció hace algunos meses por haber encontrado en su camino a la dama blanca —según se conocerá después—, y será así como este personaje sobrenatural parece repetir el accionar que le otorgan las leyendas: Anunciar la muerte. La dama blanca es una recopilación que aparece en Nuevos cuentos populares de los alemanes (1789-1792), de Benedikte Naubert  Sin embargo, en la historia que allí se cuenta, esta dama no tiene la intención de provocar la muerte de quien la vea. Es más, su comportamiento es casi tan humano como cualquier mortal, quedando su poder sobrenatural restringido al mundo de los sueños y a su capacidad de abrir todas las puertas en los distintos lugares por donde se pasea.

Nuevos cuentos populares de los alemanes es una colección que nos acerca al conocimiento del cuento popular en Alemania y a su evolución narrativa en el siglo XVIII. Los textos se sitúan en el tránsito entre la publicación de los Cuentos populares alemanes (1782-1786), de Musäus; y los Cuentos de la infancia y del hogar (1812-1815), de los hermanos Grimm.  Benedikte Naubert no posee el estilo demasiado elegante del primero, ni la capacidad de síntesis de los últimos. Y aunque a decir de muchos, los textos que ella recopiló no se trataron de cuentos sino de leyendas, su aporte radica en la exploración  con las posibilidades de un género que recién iba perfilándose en la época.

Al momento de narrar los cuentos en el libro, Naubert acude a diversas fuentes: leyendas locales, crónicas históricas, textos literarios…  y los va señalando para conocimiento del lector en apuntes de pie de página. Su libro resulta una síntesis de la tradición literaria e histórica así como un testimonio del proceso de creación y la recopilación de datos, a fin de cuestionar el pasado transmitido.  Benedikte Naubert, está siendo revalorada en este siglo por el interés que se ha despertado hacia la literatura hecha por mujeres, siendo precisamente su condición femenina, lo que la inclinó por el anonimato en el siglo XVIII. Ella misma da cuenta de esto en una carta dirigida a su amiga —también escritora—, Luise Brachmann:

“Nosotras, servidoras en el altar de las musas —que nadie se entere de que empleo este orgulloso nosotras— no llevamos el vestido de nuestro ministerio como traje cotidiano, somos en nuestra casa al mismo tiempo buenas chicas, mujeres silenciosas y caseras, esposas amables y sumisas, madres pacientes, cocineras, costureras y tejedoras.  Es fácil tratar con nosotras, y la inspiración superior no surge más que en el sagrado de la soledad o frente al amigo o la amiga que nos comprende”.

La autoría de Naubert recién se da a conocer (sin su consentimiento) en un artículo publicado en 1817, junto a un listado de sus libros. Hasta entonces ella había optado por la omisión de su nombre para librarse de los prejuicios de la crítica y asumir con mayor libertad la posibilidad de escoger géneros inusuales en una escritora, e incursionar con acierto en la novela histórica —Entre las más de cincuenta novelas que publicó, modernizando este género con sus innovaciones, destacan Walter de Montbarry y Thekla de Thurn—. Por lo que el develamiento de su anonimato fue para ella un acto de traición. Afortunadamente, hoy su nombre se está difundido en la historia de la literatura. No tanto como debería, pues a pesar de ser la escritora más prolífica del siglo XVIII, aun en Alemania es poco conocida.

Un día, cuando Naubert comenzaba a quedarse ciega y pronto recurriría a escribientes a quienes dictaría sus libros, ella misma escribió: “Oscurece un poco a mi alrededor, pero mi interior es luminoso y amable”. Ojalá llegue el día en que todos conozcamos por completo esa luz y amabilidad en su obra. Quizá entonces el aporte de esta escritora con tan extensa producción nos ilumine también.

 

You are here: Home