altodelaluna

Revista Cultural

  • Full Screen
  • Wide Screen
  • Narrow Screen
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size

Entre la realidad y el teatro

E-mail Imprimir PDF

Sobre Daphne Viena y sus demonios

 

Aunque no tenía la completa seguridad de que el hombre que se aproximaba a ella era su padre, Daphne Viena decidió tomar el riesgo. “¿Fidel?”, le preguntó mientras lo examinaba cuidadosamente.  Y por un momento, Fidel Viena Meza, su padre, se detuvo y la contempló lleno de curiosidad. Daphne no había tenido la posibilidad de conservar algún recuerdo suyo, porque él y su madre tomaron caminos distintos cuando ella cumplió dos años de edad. Por lo que aquella tarde, en una de las calles de Tarapoto, aún pensaba si el hombre que la miraba sin reconocerla sería realmente aquel periodista que alguna vez había revelado tener 64 hijos en toda la Amazonía peruana. “Eso tiene de hacer tantos hijos y dejarlos por aquí y por allá”, le dijo entonces. Fue cuando él la llamó “Daphne”.

—No sé cómo supo que era yo, me había reconocido, luego lo invité a tomar una gaseosa. Pensé que sería solo un momento pero nos quedamos conversando hasta las 11 de la noche.  Después de eso, él me visitaba y yo lo visitaba. Conversábamos mucho sobre el problema de la lectura. Él era un hombre que vivía leyendo y de alguna forma, eso se había depositado en mí… en mis genes.

En el año 2010, Daphne Viena Oliveira fundó con su padre y un grupo de amigos la asociación cultural ReZistencia a fin de fomentar la lectura, la declamación, el canto, las artes plásticas y el teatro. ReZistencia había nacido de la idea de hacer algo por la región San Martín. Pero esta necesidad de Daphne por llevar cultura al pueblo surgió antes de que encontrara casualmente a su padre mientras paseaba por las calles de Tarapoto. Antes de que ella llegara a la región luego de intentar probar suerte en Lima con su niño en brazos, su título profesional y sus ganas de escapar de un matrimonio fallido. Y mucho antes aun de que anduviera persiguiendo en la universidad a su profesora Marina Díaz para que esta la incluyera en su movimiento teatral y recorrieran el país junto a los otros actores que conoció en el grupo teatral UNAP, representando más de catorce obras teatrales en el papel protagónico. La inclinación de Daphne por el arte había nacido cuando siendo todavía muy niña, se dejó llevar de la mano de su maestra Rosa a un escenario donde además de declamar, un día interpretó la canción “Mujer amazónica” sosteniendo un cántaro en la cabeza. Y a los doce años, tras llegar a Lima para vivir con su abuela paterna, en la soledad de su cuarto, le dio por llenar de poesía las últimas hojas de sus cuadernos escolares.

— En aquella época tuve la fortuna (no sé si llamarla de otro modo) de seguir los consejos de mi abuela. Ella siempre me decía: “Los hombres son malos”; así que a los doce, trece, catorce años… andaba huyendo de ellos y prefería escribir.

Partió de Lima para iniciar su vida universitaria en Iquitos. Allí no solo conocería a Marina Díaz, sino además, comprobaría que el mundo de los actores  incluye también a los escritores. Conoció a Ricardo Virhüez, quien en aquella época radicaba en la ciudad y, como no podía ser de otro modo, integró con él un grupo de jóvenes dedicados a la creación literaria, la publicación de diversas plaquetas y revistas de teatro. El amor que Daphne Viena sentía por las tablas la fue impulsando a crear una escuela de teatro en Iquitos, luego dirigiría el grupo teatral Pukamahski.

Más tarde, por problemas familiares, decidiría viajar nuevamente a Lima abandonando su nombramiento en una institución educativa de Iquitos. Sin embargo, la situación laboral en la gran ciudad no resultó como ella esperaba. Fue gastando sus ahorros y al advertir que solo le restaba 300 soles, observó con tristeza a su hijo de tres años y le preguntó: “¿A dónde nos vamos, hijo?, ¿qué hacemos”. Entonces recordó que cinco años antes había visitado Tarapoto. Después le dijo: “¿Qué te parece si nos vamos a Tarapoto?”. A lo que el niño respondió: “Ya pues”. Así fue como Daphne decidió tentar nuevamente a la suerte, esta vez en una región que cuando no es abrasada por el rigor del calor parece desaparecer bajo el azote de lluvias torrenciales.

A veces al menguar la lluvia, Daphne contempla a su hijo y recuerda que llegó a Tarapoto con un sol cincuenta en el bolsillo. Que le facilitaron la Casa del maestro hasta que ella pudiera alquilarse un cuarto independiente. Que un día, le propuso a Roldán del Águila y otros amigos, conformar un grupo teatral para recorrer las provincias y los distritos de la región. Que dictó diversos talleres de teatro para niños. Hasta que una tarde, unas religiosas la vieron y la llevaron a trabajar como profesora en un colegio. Y aunque ahora es docente  principal en la Universidad Nacional de San Martín, no ha dejado de involucrarse activamente en el movimiento cultural de su región y continúa con el arte escénico, pues tiene en su casa el teatro Molliere. A veces, al menguar la lluvia, recuerda también que en el año 2012, el grupo ReZistencia organizó un café literario de gran alcance, para el cual invitaron a muchísima gente.

—Queríamos que sea un boom, decidimos invitar escritores mediáticos para atraer la atención de la gente. Beto Ortiz había publicado recientemente un libro y quisimos traerlo para que la región suene. Deseábamos dar a conocer que aquí en la selva también se hace cultura. El esfuerzo para traerlo fue enorme, después descubriríamos que en aquella época, él era muy pedante. Mi padre fue a recoger el pasaje que la universidad César Vallejo nos estaba donando para este invitado y en el cruce de la calle, una moto lo atropelló.

Luego de 48 horas de agonía, Fidel Viena Meza “don Cocama” —el padre que se había reencontrado con su hija, reconociendo en la mujer a la niña que había dejado hacía tantos años— falleció, sumiendo a una región entera en la tristeza y dejando como parte de su descendencia a 64 hijos en Iquitos, Lima, Yurimaguas… Aunque algunos prefieran creer que solo había doblado el número de sus hijos porque así parecía una cifra inalcanzable. Pero esa es una historia que Daphne Viena Oliveira, siempre entre la realidad y el teatro, aún no termina de escribir.

 

 

 

 

You are here: Home